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lunes, 4 de noviembre de 2013

"A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa, lo que yo diga..."

A quién le importaaaaa, lo que yo hagaaaa, a quién le importaaaa, lo que yo digaaaaa... Cantaba Olvido Gara "Alaska" en uno de sus temas más conocidos.

Esto viene a cuento porque periódicamente uno ve en primera persona o en terceros, como el vicio favorito del español es despellejar al prójimo.

Sucede con frecuencia, ya lo he comentado en alguna otra entradilla, que en la sociedad actual confundimos libertad con libertinaje, y que si bien tú tienes claro que tienes que respetar las opiniones de los demás porque para eso te han dado una formación y vives en una sociedad civilizada, lo cierto es que lo normal es encontrarte con que si tu opinión no es coincidente, se consideran en el derecho de "crucificarte".

Lo mejor es que a veces se produce a partir de hechos tan triviales que uno se queda boquiabierto sin saber cómo ni de donde.  Las redes sociales son a menudo caldo de cultivo para estos "virus". Resulta curioso, desconcertante y sorprendente como estas nuevas generaciones se pasan por el forro las virtudes mínimas. Recientemente me ha sucedido un caso sorprendente: Entre 1996 conocí a un tipo estupendo, el señor don Agustín Silvela, y digo señor no por el uso más o menos correcto de la expresión, sino porque efectivamente, don Agustín es un señor con todas las letras. Empresario madrileño afincado en Cádiz por recomendación médica por la salud de uno de sus hijos, tuvo la idea de montar un circuito de karts en El Puerto de Santa María y por avatares del destino, en aquella época yo colaboraba con la TV local, la extinta Telepuerto confeccionando un programa de motor. Don Agustín se dirigió a aquella cadena con intención de realizar algún tipo de formato publicitario de su nuevo establecimiento, y me mandaron a mi a hablar con él. Me encontré a un señor alto, muy alto, de la edad de mi padre, de mirada serena, hablar pausado y gestos exquisitos... Rápidamente hicimos buenas migas. A raíz de aquello trabajé para él con frecuencia en los periodos vacacionales en aquella pista, mas me desconcertó que le diera trabajo más o menos estable a algunos amigos y a mi no, por lo que en una ocasión de armé de valor y le pregunté por qué a ellos sí y a mi no... "Pues porque tengo hijos con tu edad que están estudiando y algunos de sus amigos han abandonado los estudios al comenzar a trabajar. El día que hayas terminado, te doy trabajo". Coherente y sensato, aunque desconcertante. El caso es que nada es eterno y lo único que lo parecía, mi carrera universitaria, se acabó (hoy día lo miro y tampoco fue tanto, pero en aquella época qué largo se hizo). Me incorporé al mercado laboral pero seguí manteniendo el contacto con aquel SEÑOR que incluso a sabiendas de mi gusto por el motor, me llamaba para consultarme alguna cosilla, como una ocasión en que me pidió que me acercara por su oficina cuando saliera del trabajo si podía porque se había aficionado a hacer rutas en moto y la suya se le estaba quedando corta y quería consejo. Le dije que estaba disponible cuando quisiera porque había finalizado mi contrato en la FSO P-47 de Astilleros Españoles. Casi no me dejó terminar de hablar, casi me colgó... Para dejar libre el teléfono y que me llamara su jefe de personal: "Hola Juan, soy Guillermo. Me ha dicho Agustín que no estás trabajando y que te llamara para ofrecerte un puesto que tenemos". Un tío de palabra. De allí me fui a un salón recreativo que tenía la empresa en Jerez de la Frontera. La verdad es que la explicación ha sido un poco larga para lo que representa en sí, pero bueno, al fin y al cabo también "Speed Karts" fue mi patrocinador principal en la temporada 96. Sí, aquella en la que puse el Panda patas arriba a la mínima oportunidad, en la manga de entrenamientos del primer slalom del año.

Estuve trabajando en aquel salón recreativo entre 1999 y 2002, algo más de tres años, y retomamos el tema. Durante ese periodo conocí y casi vi crecer a un grupito de chavalillos que merodeaban con frecuencia por allí al ser vecinos de la zona. Alguno incluso estuvo invitado a mi boda o vino al bautizo de mi hijo y mantenemos la amistad por años. Pero me detendré en un caso concreto, no daremos nombres, pero este se distinguía por una afición irracional por las carreras de coches. Irracional en realidad porque con 14 años estaba mentalizado de que iba a llegar a la fórmula 1, pero mientras nombres como Fernando Alonso, Sebastian Vettel o Lewis Hamilton se labraron un futuro en la categoría reina desde que apenas sabían andar, este iba a ser piloto por inspiración divina. Vamos, que un día llegaba alguien, lo subía al monoplaza y empezaba a ganar carreras... Con un par. Recuerdo que incluso llegó a escribirle una carta a Emilio de Villota, editor de Car and Driver y expiloto de Fórmula 1 y otras categorías. ¡¡Y le contestó con una carta manuscrita!! en la que en líneas generales venía a decirle lo mismo que todos nosotros, que iba "un poco" tarde pero que había otras categorías inferiores de monoplazas y turismos, de circuito o carretera, pero que en cualquier caso se tendría que dejar la piel para llegar a algo y que con esto no se iba a ganar la vida.

Aquel trabajo se acaba, parto rumbo a nuevos retos profesionales y no volví a saber de aquel chaval. Pero por circunstancias de la vida, y a colación de la visita de Emilio de Villota a la FAA en Jerez, en fechas anteriores al trágico suceso concerniente a su hija, comentaba yo aquella anécdota de que un chaval ilusionado había recibido una carta manuscrita de Emilio... Y alguien me dice que el chaval también anda por facebook y como localizarlo. Gran alegría saber de aquel chaval que ya es todo un tío de calculo unos 27 años. Y hay algo que me desconcierta y es que lo que era "gracioso" en un chaval de 14 años, es impropio en uno de casi el doble. Bueno, resumiendo, que cuelgo una foto comentando haber conseguido un bajísimo consumo en mi coche. Mis amigos lo comentan y de pronto entra este chaval a soltar una sarta de bobadas infumables y cuando nos reímos de lo que consideramos una broma, empieza a insultar, ofender, descalificar... al más puro estilo de un niñato de 14 años. O a retar a una competición en carretera abierta... Luego he podido saber que anda por ahí diciendo que estando en una pista de karts un ojeador de Citroën Sport lo ha invitado a ir 5 días a Madrid a gastos pagados para probar el DS3 oficial y previsiblemente ficharlo como piloto para el equipo. ¿Me río? Va a ser verdad que los hombres no maduramos hasta los 30. El caso es que como la última vez que supe de él fue hace casi 12 años, al final lo he bloqueado como contacto y creo que podré sobrevivir 12 años más sin él. Ni siquiera había una discusión argumentada, sino una lista de despropósitos. Como comentaba hace un rato con un amigo, mi hijo dejó de usar pañales hace ya unos cuantos años, no se los voy a cambiar ahora a otro.

Es como hace unas fechas que comenté una opinión sobre algo que hizo un piloto. Dije que no me había gustado, pero fue como abrir la caja de los truenos. Alguien se atrevió a decir que a ver qué era capaz de hacer yo cuando volviera, si es que volvía algún día, a las carreras. Vaya, y resulta que corrí el año pasado y también he salido a una este año, la única que he podido por compromisos profesionales. Pero es que el tema es que yo corro por mi propio divertimento, cuando puedo, tengo tiempo, etc.

Esto nos lleva a algo parecido que he visto hace algunos días en el perfil de facebook de una chica que ha tenido la "osadía" de meterse en un mundillo de hombres, las carreras. Anna comentaba amargamente en su red social que tras un pequeño incidente en una subida de montaña, y en coincidencia con sus estudios, se había perdido un par de pruebas y ya algunos la daban como retirada. Criticar es fácil, y siendo una chica, más. Yo personalmente si tengo la suerte de coincidir con ella en alguna prueba (el único slalom que ha hecho me lo perdí por estar en otro continente ganándome la vida), la veré como otro rival, no hay enemigo pequeño, y siempre digo que si yo fuera mujer, no veo cual sería el factor que me haría ir más lent@. En los tiempos en que yo trabajaba en los karts a los que hacía referencia hace unos párrafos, de vez en cuando mis amigos y familiares alquilaban la pista y nos hacíamos unas carreras. ¿Saben quién era el rival más fuerte que tuve? Mi hermana pequeña, no había quien le echara el guante. Si acaso yo lo conseguía alguna vez con la ventaja de conocerme cada palmo de la pista. Entre la pandilla, mi cuñado, nuestros amigos, etc. lo llevábamos bien, pero como el alquiler fuera una tanda mixta con gente "de fuera", había individuos que no se lo tomaban demasiado bien. Durante algún tiempo vino conmigo a todas cuantas carreras podía ir y en mi debut era junto con su amiga Marisol la que más gritaba en el campo de fútbol de Benalup aquel año 95. Alguna vez incluso la intenté animar a correr, pero vienen otras etapas de la vida.

El caso es que ciertamente un "contratiempo" en las carreras quita las ganas de correr. Yo sufrí durante algún tiempo lo que un amigo llamaba "el síndrome del vuelco", que cada vez que girabas el volante tenías la sensación de que el coche iba a volcar como por arte de Birli-birloque. La verdad es que eso no ayuda especialmente a llevar el coche a sus límites. No obstante a mi me ayudaron dos cosas: Que tras recibir asistencia por leves heridas en el vuelco aquel buen amigo convenció a mis familiares y dirección de carrera de que me dejaran salir a la segunda manga ("Si no se monta ahora en el coche, le cogerá miedo para siempre") y que terminé la temporada con el mismo coche, maltrecho, pero el mismo, en una especie de desafío, porque llevar otro habría supuesto una especie de evitar el problema.

Que haya una chica en las carreras es un soplo de aire fresco, bien sea como piloto, como copiloto o ambas facetas. Ningún comentario malintencionado debe cambiar eso.

Después de todo no hagamos caso a aquellos que se divierten intentando provocar malestar o frustración. Como dijo el filósofo francés René Descartes (1596-1650): La inteligencia es el patrimonio mejor repartido; ya que cada uno cree estar tan bien provisto de ella, que incluso aquellos que son los más difíciles de contentar en cualquier otra cosa, no acostumbran a desear más de la que tienen.

No podemos discutir con gente que se cree en posesión de la verdad absoluta. Como uno de aquellos célebres "memes" de internet, no siempre el que calla otorga, sino que a veces no tiene ganas de discutir con idiotas.

Yo por mi parte seguiré corriendo mientras me apetezca y tenga ganas. Alguna vez me puse el límite en una edad en la que fuera más razonable que corriera mi hijo que yo. Después vi a Tomás López coger el testigo de sus hijos. Luego supe que en Madrid corre la montaña con un Seat 124 Sport un señor ¡¡¡con 93 años!!! así que mientras yo pueda... A quien le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga. Yo soy así y así seguiré, nunca cambiaré... Y mira que la música de Alaska no me gusta, pero que razón tiene la "jodía".



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