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jueves, 4 de abril de 2013

La diferencia entre los niños y los hombres está en el tamaño de sus juguetes



Y esto es tan verdad como que me llamo Juan.

Reconozcámoslo, nuestros coches de carreras, y más los modestos de los slaloms, son nuestros "juguetes". No dejaremos nunca de ser niños y sí, es un deporte, pero también es deporte el ciclismo y nosotros le pedíamos a los reyes magos una bicicleta para jugar en el patio.

La foto de la entradilla es muy reciente, el coche rojo no lo es, es del 76, y así lo atestigua esta foto, donde un servidor está montada en la "máquina" en la que aprendió a hacer trazadas, a jugar con las inercias, a hacer manos en general. Aunque mi padre pensaba que estaba "jugando".



Esto viene a cuento porque mi niño que ahora tiene 5 años, lo llama "mi coche de carreras". Pero en realidad es un juguete... O no.

Somos  competitivos por naturaleza, nos gusta estar delante, ser los primeros, ser el líder. Y muchas veces confundimos los términos, jugar inocentemente con competir despiadadamente. No es trivial; este deporte nuestro, que tantas alegrías nos da, también da muchas penas. Las que se llevan aquellos que no saben parar a tiempo. No son pocos los casos de familias rotas por no calibrar la pasión por el automovilismo. En mi caso siempre lo he tenido claro, se corre cuando sobre, si es que alguna vez ha sobrado. Y si no, pues a ver los toros desde la barrera, que no pasa nada.

Hace algunos días, hablando con amigos que competían cuando yo empecé, allá por el 95, comentaban ilusionados cómo de "guays" eran las carreras en aquella época, con un buen rollo increíble que parece haberse perdido. Pero no se ha perdido, lo que pasa es que a la gente se le ha "olvidado" que estamos "jugando". Cuando uno entra en los 40 como hice yo hace año y medio, te das cuenta de que esto es una afición como cualquier otra, con la que no tenemos que empachar a los amigos porque te tildarán de loco y de tirar el dinero. Es más, cuando a mi me preguntan qué coches tengo, siempre digo dos: Un Clio dci y el capricho de un vetusto BMW 320i E30. Nunca digo que tengo un 205 GTi, porque no lo considero un medio de transporte, ya que no lo es, sino un juguete, eso sí, a escala 1:1.

En el año 97 no pude competir, mi economía de estudiante era algo más que modesta. De hecho, tras el último slalom del año 96 me quedé con 7 pesetas en la cuenta corriente, a la espera de la aportación que un patrocinador me tenía que dar de esa carrera. En la prueba inaugural de aquel año 96, puse el Panda patas arriba en la manga de entrenos del primer slalom del año. Aquel coche aguantó como pudo y  entre las dos mangas del slalom de Benalup dijo basta, tomando la salida en el último slalom con un coche prestado. Así que, sin coche y sin ingresos para reponerlo, el 97 tocó en dique seco y en la primera carrera como espectador, se me saltaron dos lagrimones. Pero maduras y te das cuenta de que tampoco pasa nada. En el slalom inaugural de 2013 no hemos tomado la salida y no sé si lo podré hacer en Puerto Real, pero muy posiblemente sí lo haga el resto de la temporada. Te acabas dando cuenta de que esto, siendo importante, porque tiene que haber un lugar para el asueto y la diversión, es algo intranscendental. Me gustaría saber cuántos de los que corremos no hemos pensado alguna vez que la pasta que le echamos al coche de carreras y a los trámites administrativos se la podíamos dedicar a tener un coche de calle mejor. Apuesto a que no son sólo uno ni dos. O lo felices que seríamos sin tener que calentarnos la cabeza en buscar un sitio donde guardarlo, coche y remolque. O lo que disfrutaríamos con un coche pequeño y potente en vez de un cachalote con par motor para tirar del carro...

Pero las cosas son como son, los niños tienen que jugar, es imprescindible para el desarrollo de su carácter, y a más tamaño de niño, más tamaño de juguete...


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